Cuando nos preguntamos que queremos lograr a la mayoría de las personas nos vienen a la mente objetivos importantes, complejos o de gran envergadura que en muchas oportunidades se definen con frases poco específicas. Un ejemplo es cuando te preguntas que deseas y tu respuesta es “Crecer como persona”, “Sentirme en paz”,
“Sentir que cumplí mi misión” “Sentirme bien, realizado”, “No estar triste”. Evidentemente estas metas son muy importantes, de gran alcance pero están muy poco definidas.
Podríamos decir que son sueños que deben convertirse en realidad.
El refrán dice “Soñar no cuesta nada”. Yo diría que soñar es la actividad más productiva que tenemos porque nos permite esbozar, proponer y aclarar las metas que deseamos alcanzar.
Cuando nos permitimos soñar por un tiempo adecuado en lo que queremos lograr podemos darnos cuenta de la enorme cantidad de sueños que deseamos alcanzar.
Lo importante es que luego convirtamos esos sueños o propuestas en metas claras y bien definidas. Si decidimos hacer una lista con esos sueños se creará la necesidad de darle claridad y comenzar a encontrar nuestras metas.
Hay que comenzar por un sueño, que es un deseo o esperanza que carece de proyecto. Un deseo o esperanza sin probabilidad de realizarse. Un logro o una meta es el fin al que se dirigen las acciones o deseos de alguien.
Lo primero será decidirse a “soñar” tal como los niños sueñan despiertos sin prejuicios o preconceptos usando nuestra mente consciente e inconsciente. Sin evaluar si podemos o no lograr ese sueño, si socialmente o económicamente es importante, si seremos criticados o aprobados por nuestros familiares y amigos, etc. Es decir dedicarnos a soñar.
Este trabajo es una reflexión personal y para comenzar podemos hacerlo sin preocuparnos de las áreas que estamos cubriendo.
Posteriormente podemos revisar y asegurar que tenemos sueños como persona, pareja, familia, profesional, amigo, ciudadano etc., es decir, que cubrimos todas las áreas dónde funcionamos tanto personal como colectivamente.
Sería interesante notar si estos sueños te emocionan cuando piensas que los puedes alcanzar pues ese es el motor para continuar en el camino al logro.
Para convertir los sueños en logros es necesario ejecutar un plan dónde se incluyan actividades nuevas que requieran cambios. Muchas veces las personas comienzan el cambio sin haber reflexionado y valorado que desean obtener cuando hayan logrado su sueño.
Por ejemplo a veces se suponen cosas como que al mejorar el nivel socio económico personal se producirán cambios familiares de determinada naturaleza.
Cuando se trata de logros en el trabajo o la empresa a la cual se pertenece puede ocurrir algo semejante.
Si no se reflexiona cuidadosamente lo que se quiere lograr, más allá del beneficio directo, puede ocurrir que los beneficios secundarios, que suponemos se derivarán del logro, no se produzcan pues no necesariamente un cambio trae el otro y estuvimos haciendo suposiciones inadecuadas.
Por otra parte toda innovación o cambio debe estar alineada con los valores y principios de la persona pues son estos últimos los que impulsan y mantienen nuestras conductas.
Esto quiere decir que además de conocer tus sueños y lo que vas a lograr al alcanzarlos debes asegurarte que son parte de quien eres tú, es decir, que en la revisión ambos elementos –sueños y logros- deben basarse en tus propios valores y deben ser elementos motivadores para la persona.
Otro elemento muy importante es la definición clara de cada meta que deseamos alcanzar.
Cuando lo que queremos alcanzar lo representamos como una fantasía, desdibujada, difusa, lejana y romántica, no se inscribe en el mundo real pues es un sueño no es fácil transformarlo en un proyecto ejecutable.
Los proyectos son claros, con características específicas y desde el punto de vista lingüístico están descritos objetivamente y por eso se pueden planificar detalladamente y evaluar con el propósito de reconocer el avance cuando se transita en el camino del logro.
Hay que revisar que no se estén estableciendo metas en negativo como por ejemplo: Dejar de ser dependiente o dejar de estar triste, etc.
Dado que no nos estamos imaginando lo que deseamos alcanzar, es decir, no sabemos claramente lo que queremos.
Por ejemplo en la frase anterior “dejar de estar triste” no estamos indicando cómo queremos estar.
Mantener la persistencia en el logro implica tener elementos de refuerzo evidentes que indiquen que el objetivo se puede lograr.
Por ello es importante que las metas sean divididas en metas parciales claramente definidas y a las cuales se les asignen lapsos relativamente cortos para alcanzarlas. Así se puede chequear que se está actuando en la dirección adecuada y en el tiempo propuesto.
Otro sistema de refuerzo es el reconocimiento personal de los logros, es decir apropiarse de las metas parciales alcanzadas como recompensas al trabajo ejecutado.
Por otra parte se necesita tener la flexibilidad suficiente para saber que los proyectos no necesariamente se cumplen de acuerdo a lo planeado y que a lo largo del camino se debe
reevaluar y generar cambios de diversa índole. Incluso muchas veces hay que modificar los planes con el propósito de no abandonar la búsqueda de la meta cuando haya
A veces se escuchan comentarios que implican que si se están evaluando las posibles dificultades que se puedan presentar en el camino la persona no está decidida a alcanzar la meta o está en un “pensamiento negativo” que le “traerá” dificultades.
No es ese el caso en primer lugar porque lo que se hace es evaluar y tener planes de contingencia y vías alternas ante la dificultad y en segundo lugar porque no hay manera que el pensamiento genere acciones si la persona que piensa no las planifica.
Durante esta fase podemos además darnos cuenta si necesitamos ayuda de otras personas o instituciones y planificarlas.
Es posible que necesitemos aprender alguna herramienta especial o solicitar ayuda de un experto.

Cuando las metas que nos proponemos son cambios conductuales es necesario aclarar en qué situaciones queremos aplicar esa nueva conducta.
En nuestro trabajo se trata de aumentar el rango de posibilidades para actuar y no de eliminar conductas innecesariamente que además pueden ser útiles en otros contextos.
El ejemplo más clásico es “quiero ser una persona segura” Definitivamente en ciertas situaciones de riesgo es preferibles ser precavido que seguro por encima de todo.
Otro elemento importante a tomar en cuenta es el tiempo en el cual nos proponemos alcanzar los objetivos pues es necesario confirmar que estamos haciendo lo necesario en el tiempo previsto.
Muchas veces planteamos proyectos excelentes que seguimos mejorando y cuando intentamos ejecutarlos ya no son necesarios o viables, la oportunidad pasó.
“Sentir que cumplí mi misión” “Sentirme bien, realizado”, “No estar triste”. Evidentemente estas metas son muy importantes, de gran alcance pero están muy poco definidas.
Podríamos decir que son sueños que deben convertirse en realidad.
¿Qué Sueñas?
El refrán dice “Soñar no cuesta nada”. Yo diría que soñar es la actividad más productiva que tenemos porque nos permite esbozar, proponer y aclarar las metas que deseamos alcanzar.
Cuando nos permitimos soñar por un tiempo adecuado en lo que queremos lograr podemos darnos cuenta de la enorme cantidad de sueños que deseamos alcanzar.
Lo importante es que luego convirtamos esos sueños o propuestas en metas claras y bien definidas. Si decidimos hacer una lista con esos sueños se creará la necesidad de darle claridad y comenzar a encontrar nuestras metas.
Hay que comenzar por un sueño, que es un deseo o esperanza que carece de proyecto. Un deseo o esperanza sin probabilidad de realizarse. Un logro o una meta es el fin al que se dirigen las acciones o deseos de alguien.
Lo primero será decidirse a “soñar” tal como los niños sueñan despiertos sin prejuicios o preconceptos usando nuestra mente consciente e inconsciente. Sin evaluar si podemos o no lograr ese sueño, si socialmente o económicamente es importante, si seremos criticados o aprobados por nuestros familiares y amigos, etc. Es decir dedicarnos a soñar.
Este trabajo es una reflexión personal y para comenzar podemos hacerlo sin preocuparnos de las áreas que estamos cubriendo.
¿Qué logras?
Posteriormente podemos revisar y asegurar que tenemos sueños como persona, pareja, familia, profesional, amigo, ciudadano etc., es decir, que cubrimos todas las áreas dónde funcionamos tanto personal como colectivamente.
Sería interesante notar si estos sueños te emocionan cuando piensas que los puedes alcanzar pues ese es el motor para continuar en el camino al logro.
Para convertir los sueños en logros es necesario ejecutar un plan dónde se incluyan actividades nuevas que requieran cambios. Muchas veces las personas comienzan el cambio sin haber reflexionado y valorado que desean obtener cuando hayan logrado su sueño.
Por ejemplo a veces se suponen cosas como que al mejorar el nivel socio económico personal se producirán cambios familiares de determinada naturaleza.
Cuando se trata de logros en el trabajo o la empresa a la cual se pertenece puede ocurrir algo semejante.
Si no se reflexiona cuidadosamente lo que se quiere lograr, más allá del beneficio directo, puede ocurrir que los beneficios secundarios, que suponemos se derivarán del logro, no se produzcan pues no necesariamente un cambio trae el otro y estuvimos haciendo suposiciones inadecuadas.
Por otra parte toda innovación o cambio debe estar alineada con los valores y principios de la persona pues son estos últimos los que impulsan y mantienen nuestras conductas.
¿Qué queremos?
Esto quiere decir que además de conocer tus sueños y lo que vas a lograr al alcanzarlos debes asegurarte que son parte de quien eres tú, es decir, que en la revisión ambos elementos –sueños y logros- deben basarse en tus propios valores y deben ser elementos motivadores para la persona.
Otro elemento muy importante es la definición clara de cada meta que deseamos alcanzar.
Cuando lo que queremos alcanzar lo representamos como una fantasía, desdibujada, difusa, lejana y romántica, no se inscribe en el mundo real pues es un sueño no es fácil transformarlo en un proyecto ejecutable.
Los proyectos son claros, con características específicas y desde el punto de vista lingüístico están descritos objetivamente y por eso se pueden planificar detalladamente y evaluar con el propósito de reconocer el avance cuando se transita en el camino del logro.
Hay que revisar que no se estén estableciendo metas en negativo como por ejemplo: Dejar de ser dependiente o dejar de estar triste, etc.
Dado que no nos estamos imaginando lo que deseamos alcanzar, es decir, no sabemos claramente lo que queremos.
Por ejemplo en la frase anterior “dejar de estar triste” no estamos indicando cómo queremos estar.
Mantener la persistencia en el logro implica tener elementos de refuerzo evidentes que indiquen que el objetivo se puede lograr.
Por ello es importante que las metas sean divididas en metas parciales claramente definidas y a las cuales se les asignen lapsos relativamente cortos para alcanzarlas. Así se puede chequear que se está actuando en la dirección adecuada y en el tiempo propuesto.
Otro sistema de refuerzo es el reconocimiento personal de los logros, es decir apropiarse de las metas parciales alcanzadas como recompensas al trabajo ejecutado.
¿Cuáles son tus metas parciales?
Por otra parte se necesita tener la flexibilidad suficiente para saber que los proyectos no necesariamente se cumplen de acuerdo a lo planeado y que a lo largo del camino se debe
reevaluar y generar cambios de diversa índole. Incluso muchas veces hay que modificar los planes con el propósito de no abandonar la búsqueda de la meta cuando haya
Dificultades
A veces se escuchan comentarios que implican que si se están evaluando las posibles dificultades que se puedan presentar en el camino la persona no está decidida a alcanzar la meta o está en un “pensamiento negativo” que le “traerá” dificultades.
No es ese el caso en primer lugar porque lo que se hace es evaluar y tener planes de contingencia y vías alternas ante la dificultad y en segundo lugar porque no hay manera que el pensamiento genere acciones si la persona que piensa no las planifica.
Durante esta fase podemos además darnos cuenta si necesitamos ayuda de otras personas o instituciones y planificarlas.
Es posible que necesitemos aprender alguna herramienta especial o solicitar ayuda de un experto.

Cuando las metas que nos proponemos son cambios conductuales es necesario aclarar en qué situaciones queremos aplicar esa nueva conducta.
En nuestro trabajo se trata de aumentar el rango de posibilidades para actuar y no de eliminar conductas innecesariamente que además pueden ser útiles en otros contextos.
El ejemplo más clásico es “quiero ser una persona segura” Definitivamente en ciertas situaciones de riesgo es preferibles ser precavido que seguro por encima de todo.
Otro elemento importante a tomar en cuenta es el tiempo en el cual nos proponemos alcanzar los objetivos pues es necesario confirmar que estamos haciendo lo necesario en el tiempo previsto.
Muchas veces planteamos proyectos excelentes que seguimos mejorando y cuando intentamos ejecutarlos ya no son necesarios o viables, la oportunidad pasó.
Mercedes Schnell
Médico Psicoterapeuta.
Especialista en PNL e Hipnosis.




