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Esperanza con lógica




Cada vez que emprendemos algo tenemos el convencimiento de que lo vamos a lograr. Esperar que algo ocurra es esperanza. Si lo que deseas lograr no tiene fundamentos reales la esperanza está basada en un pensamiento y puede no concretarse en acción. Permanece como un sueño.

Dejarse convencer de que no se puede lograr lo que uno desea es muy sencillo si creemos que no tenemos la fuerza o las condiciones personales o externas para alcanzarlo. Así es como podemos caer en desesperanza.

La desesperanza se define como el convencimiento de no poder lograr una meta propuesta incluso cuando otras personas si logran ese objetivo. “pueden pero yo no”.

¿Cuál es el camino a la desesperanza? 


Tenemos un objetivo, establecemos planes que ejecutamos durante un cierto tiempo y no alcanzamos las metas propuestas. Al reflexionar persistimos pero no logramos lo planeado, nos frustramos o entristecemos. Si continuamos sin lograr lo deseado podemos perder la esperanza de llegar a la meta. En estos momentos si no se revisa la situación podemos convencernos de nuestra incapacidad o de que las condiciones externas no son las adecuadas. Siendo así, como no controlamos lo externo y creemos que no podemos, desistimos de lograr lo que deseamos. Nuestra vida será dirigida por las circunstancias o por personas flexibles que modifiquen su estrategia tantas veces como sea necesario.

Para enfrentar esta situación es necesario imaginar cómo será la persona que logra alcanzar esa meta y reflexionar quién soy ahora para reconocer mis habilidades y capacidades actuales, que elementos de mi vida (personalidad, forma de pensar y acciones) evitan que sea esa persona. Quién quiero ser y cuales características o recursos me hacen falta.

Luego hay que evaluar la situación real: dónde estoy, en qué circunstancias y adónde voy. ¿Qué quiero?

Ahora se pueden planificar las acciones necesarias para poder ser la persona que alcanza lo que quieres. Sin embargo no es tan fácil porque se necesita persistencia, es decir, mantener las acciones y cumplir los planes a corto, mediano y largo plazo. Estamos hablando de decidirnos a cambiar, modificar nuestras conductas y comprometernos con nosotros mismos y con ese proyecto que nos proponemos para lograr lo que deseamos.



Si no decidimos cambiar nos quedamos en la desesperanza.



¿Cómo hacer el cambio? 

Hay que enfocarse, establecer una dirección y tomar una decisión.

TOMAR UNA DECISIÓN ES COMPROMETERSE CON EL RESULTADO QUE SE QUIERE LOGRAR.

Esta decisión debe tener criterios reales que a veces requieren de conocimiento que puede encontrarse al revisar experiencias previas personales o de otras fuentes (historia, amigos, familia).

En este camino vamos a encontrar que tenemos prejuicios infundados, creencias limitantes y por tanto resistencias a ese cambio. Debemos también chequear que nuestro compromiso esté alineado con nuestros valores.

La toma de decisiones se fundamenta en:
  1. Experiencias vividas o relatadas. 
  2. Creencias personales y familiares.
  3. Valores y principios. 
  4. Estado emocional que provoque el evento. 
  5. La reflexión genera preguntas y respuestas de la persona que toma la decisión.

Es interesante que los componentes tienen diferentes pesos y se propone que las creencias son las que más influyen. Los principios, valores y el miedo a la equivocación también son importantes pero en menor escala. Es como si el inconsciente hiciera un balance del resultado de estos componentes y define si impulsa o evita la acción.

Es importante recordar que a lo largo del día tomamos decisiones en forma automática pues la mayoría de las decisiones parten del inconsciente.

Para evitar la desesperanza debemos decidir:
  1. Con cuál proyecto o logro, que pueda alcanzar, me quiero comprometer.
  2. Qué acciones estoy dispuesto a llevar a cabo.
  3. Estar dispuesto a evaluar si esas acciones te acercan a lo que deseas.
  4. Mantener el compromiso siendo flexible y si el plan no funciona revisa la dificultad y cambia lo que haces. Muchas veces los cambios son más ajustes que modificaciones importantes.
  5. Querer aprender de la equivocación y recordar los efectos del cambio a corto y largo plazo. A corto plazo puede ser difícil o doloroso pero a largo duradero y placentero.

EQUIVOCACION = APRENDIZAJE


Los cambios pequeños mantenidos y mejorados generan grandes resultados.

Media hora de ejercicio aeróbico diario mantenido en el tiempo provoca una mejoría importante en el sistema cardiovascular y la resistencia física.

Cada vez que cumplas con tu plan, por pequeña que sea la acción o el logro, felicítate y disfrútalo porque al sumar cada pequeño logro, veras que te acercas a la meta.

Cada día pregúntate
  • ¿Qué aprendí o gané hoy?
  • ¿En que contribuí o mejoré hoy?
  • ¿Me divertí?... ¿Estuve contento o feliz?
  • ¿Estoy convencido que voy a lograr esto?

Las convicciones generan acciones.


Si no logras mantener el compromiso bien sea porque no cambias tus acciones o porque no llevan al logro, puedes sentir que estás perdiendo la esperanza y fe en alcanzar lo que quieres pregúntate: ¿QUÉ NECESITO CREER PARA LOGRAR ESE CAMBIO EN MI?

Revisa si el logro que propones es demasiado exigente, lejano o ambicioso y por eso se siente inalcanzable. Hay que recordar que la desesperanza se provoca cuando los esfuerzos no son recompensados, es decir la sensación es que hagas lo que hagas no puedes lograr lo que deseas.

Hay que dividir el objetivo en logros más pequeños (metas secundarias) que al apilarlos lleven al resultado deseado. 


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Para citas:

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