Como todos sabemos lo único seguro que tenemos en la vida es la muerte y sin embargo nos cuesta trabajo aceptarla, cuando deberíamos verla como algo natural y tratar de hacer el tránsito por esta vida más armonioso, no vivir sin dejar huellas y tratar de que estas sean las más bonitas, las que cuenten historias de cómo vivimos nuestras vidas. Que seamos recordados por nuestras buenas acciones. Hay que dejar una huella bonita por este paso que se llama vida.
Le tememos a la muerte por la ausencia que ella significa, el hecho de no ver más al ser amado es flagelante, es duro, es angustiante, lo que duela de la muerte es la ausencia. Sin embargo, viene a dejarnos una lección cuando no queremos asumirla, no queremos aceptarla, el alma se deprime, el mundo se vuelve gris, no hay colores, es allí donde tenemos que decidir si quedarnos con los grises o vivir de acuerdo a como vivimos con el que partió. Cuando la muerte te toca el hombro y te hace voltear para ver lo que hay más allá de ella, te dice siempre estuve aquí solo que te negaste a verme. Si me hubieses visto tal vez esto no sería tan duro.
De la muerte aprendí que debemos vivir sin remordimiento, sin hacer daño a nadie, sin reprimirnos de nada, amar amándonos, ir por la vida diciendo a quien queremos y cómo lo queremos, sin límites, sin atropellos, no privarnos de aquello que nos gusta, comer lo que nos gusta sin accesos, comprar las ropas que nos gusta sin remordimientos, bailar si te gusta como si nadie te estuviera viendo. Permitirte hacer locuras, no juzgar tanto, hacer lo que nos agrade, quieres estudiar pues estudia, no quieres hacerlo, pues no lo hagas.
Toda la vida nos han hecho vivir bajo unos erróneos patrones sociales que más que dejarnos felicidad, nos dan frustraciones porque sentimos que debemos cumplir con los requerimientos que nos impone la sociedad, si tan solo nos dedicáramos a vivir moriríamos tranquilos y felices porque hicimos lo que quisimos y vivimos como queríamos, realizamos todo el que hicimos siempre pendiente de no hacerle daño a nadie.
Que el día que ya no esté puedan recordarme como alguien que paso sumando por esta vida y cuando digo sumando me refiero al hecho de ir haciendo buenas obras, vivir de acuerdo a mis creencias, siempre haciendo el bien, ayudando cuando me sale del alma.
Para vivir hay que dejar todo preparado para que nuestra muerte no sea un problema; decidir desde tu funeral, hasta la última aguja por la que tanto trabajaste a quien o a quienes o donde la vas a dejar, para que no haya lugar a dudas. Esto implica dejar los papeles en regla todo bien especificado, como se harán las cosas que no haya cabida a erróneas interpretaciones por parte de las personas a las cuales estamos dejando a cargo de nuestra última voluntad. Dejarlo todo especificado.
Los bienes, si los hay, deben dejarlos asignados a quien mejor les parezca. Es obligatorio hacerlo porque luego que ocurra la muerte empiezan a salir gente que ni siquiera te saludaba en vida a sentirse con derecho por llevar tu apellido, que debe disponer como mejor crea de lo que trabajaste (por eso estoy convencida que no hay que dejar nada al momento de la muerte, aunque es un hecho que nadie sabe cuándo va a ocurrir, pero tomar las previsiones para que no ocurra estas cosas tan desagradables que vemos a diario cuando son muchos los herederos). Sin embargo, si se deja todo bien detallado no habrá lugar a dudas. Muchos de nosotros vivimos sin pensar que mañana ya no estaremos y no tomamos previsiones y aquí hay que aplicar el dicho “la vida es un momentico”.
Cuando muere un ser amado, entendemos que debemos vivir sin tantas restricciones, que debemos vivir sin privarnos de cosas, que debemos vivir amando y aceptando a cada una de las personas que forman parte de nuestra vida tal y como son, con sus virtudes y sus defectos, pedir perdón cuando cometemos errores, decir te amo, dar en vida alegrías en todas las presentaciones posibles. No quedarse con nada pendiente por decir, sea bueno o malo, pero decirlo, no quedarnos con nada atorado en la garganta, sobre todo decir los Te
Amo, hacerle saber al que está partiendo lo importante que es en nuestra vida, decirle lo bueno que hizo porque a lo mejor no lo sabe, lo cree, pero como no lo oye no está convencido, eso pesa mucho.
Cuando llega la señora muerte y te toca el hombro y te habla cerquita del oído para decirte aquí estoy, aprovecha di todo lo que debas decir, perdona todo lo que debas perdonar. Pero por sobre todas las cosas llénate de ese inmenso amor que le puedes dar.
Nora Rojas
- Este artículo forma parte de una colaboración de diferentes autores amigos y expertos en el área.